El sargento ayudante Marcelo Sánchez tenía el tobillo bañado en sangre por un balazo, pero la adrenalina le mitigaba un poco el dolor. "Geniolito", en cambio, se retorcía sobre los adoquines de calle Suipacha al 400. Tres disparos le habían perforado el cuerpo, y el joven de 23 años sentía que la vida se le estaba yendo por un asalto fallido.
"Ayudame, hermano. No me dejés morir así", suplicó "Geniolito". El sargento Sánchez se quedó junto a él hasta que llegó la ambulancia, en la que fueron llevados hasta el Centro de Salud. Así, terminaron la jornada del miércoles a la noche internados en la guardia del hospital.
"Geniolito" sigue internado, y su estado es reservado, indicaron fuentes del centro médico. El policía está mucho mejor. Ayer, con el pie vendado, declaró en la sede penal de Tribunales. Luego, habló con LA GACETA sobre los riesgos de llevar su uniforme. "En 2000, por evitar otro asalto, recibí tres disparos. Estuve grave, pero no me asusté. Todo lo contrario: eso me dio fuerzas para seguir con mi profesión", contó Sánchez.
- ¿Qué ocurrió el miércoles?
- Yo llegué al negocio (un local dedicado a la venta de materiales para la construcción) y saqué un presupuesto. Cuando estaba saliendo, llegaron estos dos muchachos y me encañonaron. Entonces, empujé a uno de ellos y le tiré una trompada. Ese sujeto retrocedió dos o tres metros y me hizo un tiro, que me dio en el tobillo. Entonces, yo abrí la campera (estaba de licencia) y saqué mi arma reglamentaria de la sobaquera. Él seguía apuntándome, así que tuve que disparar.
- ¿Cómo reaccionaron ellos?
- Salieron corriendo y se subieron a la moto. Pero, a los 10 metros, se cayeron. El que iba manejando se levantó y comenzó a correr hacia el sur por calle Suipacha. Al otro alcancé a reducirlo. Le pregunté cómo estaba, y pedí que llamaran una ambulancia.
- Y usted también estaba herido...
- Sí, ya tenía el disparo en la zona del talón. No puedo pisar con ese pie todavía.
- ¿Qué piensa un policía ante una situación así?
- Es difícil describirlo. Uno tiene que estar. No se piensa demasiado; directamente se actúa por la ciudadanía, para proteger a las víctimas. Lógicamente, uno se acuerda de la familia, que es lo más importante. Pero la profesión te lleva a esto. El policía está para dar seguridad.
- Para colmo, no es la primera vez que a usted le disparan...
- En el año 2000, tuve un enfrentamiento, y recibí tres impactos: en el cuello (tiene una profunda cicatriz), en el brazo izquierdo y en el abdomen. En esa ocasión, también intervine en un asalto. Fue en la zona sur de la ciudad. Una señora decía que le habían robado y yo intercedí.
- Este tiroteo fue mucho menos grave para usted, entonces...
- Estuve 15 días en rehabilitación para poder volver a trabajar. Yo prestaba servicio en la Dirección de Investigaciones, pero después de eso pasé a la Dirección General de Drogas Peligrosas, donde me desempeño hoy.
- ¿El traslado fue para que estuviera menos expuesto?
- No, porque en esta profesión, un policía está expuesto en todo momento. Si vas por la calle y pasa algo, tenés que actuar. En este caso, yo hice lo que debía. No hubiera querido disparar. El delincuente me decía: "no me dejés morir"; fue terrible. Quedé bastante shockeado, pero ya estoy bien. Mi familia quedó preocupada, pero me apoya. Esta es mi vocación.